viernes, 26 de enero de 2007

El Instinto y sus consecuencias

Ps. Omar Arboccó Oliva
LECTURA BÍBLICA: Proverbios 5:1-8, 20
MATERIAL DE APOYO: Juan 17:17; 1a Corintios 6:9-10, 15-20; Romanos 1:25-32, 8; Mateo 19:4-6; Génesis 2:24-25; Eclesiastés 9:9; Proverbios 5:1-8, 20; Proverbios 5:15, 18-19

MATERIAL EXPLICATIVO

Hoy en día, gran cantidad de jóvenes del mundo han perdido muchos de sus valores, practican relaciones sexuales buscando sentirse bien, sin tomar en cuenta las leyes de Dios ni las consecuencias que esto podría tener. Este tipo de vida también ha permitido que existan muchos lugares donde las relaciones sexuales se exhiben y se venden, provocando que los jóvenes practiquen su sexualidad despreocupadamente. Todo esto, practicado a través de la forma de pensar del mundo parece causar satisfacción; sin embargo, las consecuencias comienzan a alarmar aún a los más liberales, ya que tan sólo en el Perú, para principios del 2007, existen más de 1,000 personas infectadas mensualmente con el virus que causa el SIDA, según cifras oficiales, y en el mundo se estima que existan 18 millones y medio de personas infectadas.
Nosotros sabemos que las leyes que ha establecido el Creador buscan la perfección y el bienestar del ser humano. Cuando el hombre se empeña en romperlas las consecuencias son la infelicidad, la tristeza, la frustración, la enfermedad e incluso la pérdida de la vida.

Una de las consecuencias más graves debidas a la promiscuidad en las relaciones sexuales son las enfermedades de transmisión sexual. Estas son un grupo de padecimientos que se transmiten casi exclusivamente por las relaciones sexuales con personas infectadas. Incluyen más de 20 enfermedades diferentes que pueden tener graves resultados, como la ceguera, la esterilidad y la muerte.

Desde hace muchos años se conocen las infecciones como el sífilis o la gonorrea, pero recientemente se han reconocido aproximadamente 25 agentes patógenos implicados en la producción de más de 50 nuevas enfermedades de transmisión sexual, como el herpes y el SIDA, la cual es una enfermedad incurable.

Las letras SIDA representan Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, esto significa que el sistema inmunitario del cuerpo humano se ha descompuesto y no puede protegerlo contra las enfermedades, por lo que las personas infectadas no mueren de SIDA sino de cualquier otra enfermedad que le cuerpo humano no pueda contrarrestar.

¿Recuerdas cuál es el nombre del virus que causa el SIDA?
El SIDA se propaga por un virus que se llama el VIH (virus de Inmunodeficiencia Humana), este virus se transmite por tener relaciones sexuales con personas infectadas o por medio de su sangre (transfusiones, inyecciones, etc.).

También debemos considerar que un joven con el virus del SIDA puede verse aparentemente sano pero estar infectado, ya que para que empiecen a aparecer los síntomas de SIDA puede pasar hasta 10 años. Durante estos 10 años el joven puede no tener ningún signo ni síntoma, ni problemas de salud, pero si tiene relaciones sexuales o si su sangre pasa a otra persona tiene una alta probabilidad de transmitir el virus a la otra persona, ya que no existe una forma completamente segura que proteja del virus. Esto significa que existen jóvenes, hombres y mujeres, aparentemente sanos, pero contaminados con el mortal virus del SIDA.

Otra consecuencia desagradable de las relaciones sexuales fuera de las leyes de Dios se presenta en las jóvenes que experimentan alguna relación sexual antes de su matrimonio y se embarazan, aún pensando que han tomado las debidas precauciones. Todos conocemos madres solteras y sabemos también los innumerables problemas por los que atraviesan.

También hay algunas jóvenes que son tan ingenuas que toman una pastilla para el control de la natalidad antes de tener relaciones sexuales con la esperanza de que las protegerá y otras que han aprendido todo lo que se puede aprender con respecto a los métodos anticonceptivos, de tal manera que creen confiar que su cuerpo está bloqueado físicamente de su función normal; sin embargo, ninguno es cien por ciento confiable y, por lo tanto, no siempre pueden evitar embarazarse. Ante este problema, algunas jóvenes se someten al aborto ilegal, pero esto es tan peligroso que varias de ellas mueren en las manos del médico por tratar de ocultar sus errores.
Hermanos jóvenes, todas estas son buenas razones por las cuáles un cristiano no debe practicar las relaciones sexuales fuera del matrimonio, pero no son las básicas. Pudieras pensar que, si puedes evitar estas, la relación sexual no te quemaría, pero estarías equivocado. Dios nunca da sus leyes en vano, siempre las diseña para nuestra felicidad y santidad.

La relación sexual no es sólo física, es una inversión de tu vida en la vida de otra persona. Dios la hizo para que funcione con confianza y amor. El amor sexual es un acto tan profundo que es imposible realizarlo sin invertir una parte de ti en la otra persona. Cada uno de nosotros somos un templo del Espíritu Santo, es por ello que el apóstol Pablo menciona que no podemos involucrar nuestros cuerpos en la fornicación, ya que "cualquier otro pecado que el hombre hiciere, fuera del cuerpo es; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca".
Algunos otros jóvenes del mundo dicen: ¿por qué no?, nos amamos mutuamente, de todos modos nos vamos a casar, ¿por qué no probar primero la relación sexual? ¿qué diferencia establece un trozo de papel?

La obediencia antes del matrimonio es muy importante. Eso indica que los dos confían en sí mismos para no ceder a la tentación de experimentar una relación sexual fuera de las normas de Dios. Si ceden, destruyen su confianza y la de Dios, ya que si tienen relaciones sexuales antes del matrimonio, ¿cómo podrían asegurar que no caerán en una tentación sexual con alguna otra persona fuera de su matrimonio? (Lucas 16:10). Si deseamos asegurar felicidad en nuestro matrimonio y vivir con paz, disfrutando de nuestra futura familia, no olvidemos la bendición que el Señor entrega a todo aquél que toma decisiones de acuerdo a sus leyes, pues dice el Salmo 128: "He aquí que así será bendito el hombre que teme a Jehová".

Es por ello que los jóvenes de la Iglesia de Dios debemos luchar por conservar los valores cristianos y las leyes de Dios, ya que estos pueden desaparecer las desventuras, los fracasos, las tentaciones, las dudas y los reproches. Si confiamos en los valores de ética y moral que hemos aprendido en las Sagradas Escrituras, entonces esperaremos siempre cosas maravillosas, veremos luces en todos los caminos y nos recrearemos en los pasajes que nos cuentan la gloria de Dios, verdaderamente convencidos de lo que somos y de lo que queremos lograr.

Comprenderemos verdaderamente por qué es importante alejarse del pecado y comprenderemos aún mejor por qué Cristo vino a entregar su vida en una cruz, por qué los mártires tuvieron la valiente decisión de dejarse consumir en la hoguera antes de apartar de su vida la fe y la creencia en los valores cristianos. Ahora comprenderemos mejor por qué de nuestro sueño de reinar con Cristo, por qué hablar a cada instante de esperar cielos nuevos y tierra nueva, de hacer de nuestra vida un verdadero tesoro y de colocarlo donde la polilla y el orín no puedan corromper ni los ladrones puedan robar ni hurtar.

Hermanos jóvenes, ¿seremos capaces de cambiar la grande bendición de vida por un deseo experimentado en tiempo inoportuno?

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